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El diagnóstico en ortodoncia no se basa en la posición visible de los dientes. Se basa en la evaluación clínica completa de la mordida, entendida como la relación funcional entre dientes, huesos maxilares, articulaciones y musculatura. Este diagnóstico es el paso que determina si existe indicación de tratamiento, qué tipo de ortodoncia es viable y cuáles son los límites reales del resultado.

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Qué significa realmente “tener un problema de mordida”

Desde el punto de vista médico, un problema de mordida existe cuando la relación entre los dientes y/o los maxilares:

  • compromete la función masticatoria,
  • dificulta la higiene oral,
  • genera sobrecargas dentales o articulares,
  • afecta a la estabilidad a medio o largo plazo,
  • o aumenta el riesgo de patología oral futura.

No todas las irregularidades visibles son patológicas. Por eso, no toda sonrisa irregular requiere ortodoncia, y no toda ortodoncia se indica por motivos estéticos.


Fases del diagnóstico ortodóncico

El diagnóstico se construye por capas. Cada capa confirma o descarta hipótesis clínicas.

1. Exploración clínica –  Incluye la observación directa de:

  • alineación dental,
  • relación entre arcadas al cerrar la boca,
  • desgaste dental,
  • estado de encías,
  • movilidad dentaria,
  • y función masticatoria básica.

Esta fase permite detectar signos evidentes, pero no es suficiente por sí sola.

2. Estudio de la mordida –  Se analiza cómo encajan los dientes superiores e inferiores en reposo y en movimiento. Aquí se valoran:

  • tipo de mordida (normal, cruzada, abierta, profunda),
  • desviaciones funcionales,
  • contactos prematuros,
  • y estabilidad de la oclusión.

Este análisis es clave para entender si el problema es dental, funcional o esquelético.

3. Pruebas radiográficas – Las radiografías permiten ver lo que no es visible:

  • posición de raíces,
  • estado del hueso,
  • dientes incluidos o ausentes,
  • relación entre maxilar y mandíbula,
  • y posibles limitaciones anatómicas.

Sin esta información, no se puede planificar un movimiento dental seguro.

4. Análisis complementarios – Según el caso, pueden incluir:

  • modelos de estudio,
  • fotografías clínicas,
  • análisis cefalométrico,
  • y evaluación de hábitos funcionales (respiración oral, deglución, bruxismo).

Estos datos permiten afinar el plan y anticipar dificultades.


Criterios clínicos que determinan la indicación de ortodoncia

La decisión de iniciar un tratamiento ortodóncico no se basa en un solo factor. Se basa en la combinación de varios criterios:

  • función: si la mordida es estable y eficiente o no,
  • salud periodontal: si el hueso y las encías permiten el movimiento dental,
  • edad y crecimiento: especialmente relevante en niños y adolescentes,
  • tipo de maloclusión: dental, esquelética o mixta,
  • expectativas del paciente: y su adecuación a la realidad clínica,
  • riesgo-beneficio: si el tratamiento aporta una mejora clara frente a sus limitaciones.

Si estos criterios no se cumplen, la ortodoncia puede no estar indicada o requerir fases previas.


Diagnóstico no es igual a indicación inmediata

Un punto crítico en entornos ymyl es entender que:

  • detectar una maloclusión no implica tratarla de inmediato,
  • no todos los casos evolucionan igual,
  • y en algunos pacientes la mejor decisión puede ser el seguimiento o una intervención limitada.

La ortodoncia responsable se apoya en el diagnóstico para decidir cuándo, cómo y si tratar, no para justificar un tratamiento estándar.

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