Las alteraciones en la mordida no solo afectan a la estética de la sonrisa. Desde el punto de vista clínico, una mordida incorrecta puede comprometer la función masticatoria, la estabilidad dental y la salud oral a largo plazo. Entre las más frecuentes se encuentran la mordida abierta, la mordida cruzada y la mordida profunda.
Cada una presenta características propias y requiere un diagnóstico específico para determinar si es necesario tratamiento y cuál es el enfoque más adecuado.
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Mordida abierta: qué es y por qué puede ser un problema
La mordida abierta se produce cuando, al cerrar la boca, existe un espacio entre los dientes superiores e inferiores, generalmente en la zona anterior, aunque también puede aparecer en sectores posteriores.
Desde el punto de vista clínico, puede provocar:
- dificultad para masticar correctamente ciertos alimentos,
- alteraciones en el habla,
- sobrecarga de los dientes posteriores,
- y problemas de estabilidad de la mordida.
La mordida abierta puede estar relacionada con hábitos funcionales mantenidos en el tiempo, alteraciones del crecimiento o desequilibrios musculares. Su tratamiento requiere identificar la causa, no solo cerrar el espacio visible.
Mordida cruzada: implicaciones funcionales
La mordida cruzada aparece cuando los dientes superiores muerden por dentro de los inferiores, ya sea de forma localizada o afectando a un lado completo de la arcada.
Puede tener consecuencias como:
- desgaste dental irregular,
- desviaciones funcionales de la mandíbula,
- sobrecarga de ciertas piezas dentales,
- y asimetrías progresivas si no se corrige.
En niños, la detección temprana es especialmente importante, ya que algunos tipos de mordida cruzada pueden corregirse de forma más sencilla durante el crecimiento.
Mordida profunda: riesgos asociados
La mordida profunda se caracteriza por una excesiva superposición de los dientes superiores sobre los inferiores al cerrar la boca.
Clínicamente, puede asociarse a:
- desgaste de los dientes inferiores,
- irritación o daño en las encías,
- molestias articulares,
- y dificultad para mantener una mordida equilibrada.
No todas las mordidas profundas requieren tratamiento, pero sí aquellas que generan síntomas o comprometen la salud oral.
Importancia del diagnóstico diferencial
Aunque estas alteraciones pueden parecer similares a simple vista, su origen puede ser muy diferente. Por eso, el diagnóstico debe valorar:
- si el problema es dental, óseo o funcional,
- el grado de afectación de la mordida,
- la estabilidad del contacto entre los dientes,
- y la relación entre maxilar y mandíbula.
Este análisis es el que permite decidir si la ortodoncia está indicada y qué tipo de tratamiento es más adecuado.
Tratamiento y límites de la ortodoncia
En muchos casos, la ortodoncia permite mejorar de forma significativa estas alteraciones. Sin embargo, existen situaciones en las que:
- el tratamiento debe combinarse con otras medidas,
- el objetivo es mejorar la función más que corregir completamente la forma,
- o es necesario plantear un seguimiento sin intervención inmediata.
Por este motivo, no todas las mordidas abiertas, cruzadas o profundas se tratan del mismo modo ni con las mismas expectativas.
Objetivo clínico del tratamiento
El objetivo del tratamiento no es únicamente mejorar la apariencia, sino:
- restablecer una función masticatoria adecuada,
- reducir el riesgo de desgaste dental,
- equilibrar las fuerzas de mordida,
- y asegurar la estabilidad del sistema dentario a largo plazo.
Las alteraciones de la mordida deben abordarse siempre desde un enfoque clínico y personalizado. Un diagnóstico preciso es la base para decidir cuándo tratar, cómo hacerlo y qué resultados son realistas en cada caso.