La ortodoncia puede realizarse tanto en niños como en adultos, pero la indicación, el enfoque clínico y los objetivos del tratamiento no son los mismos en cada etapa de la vida. Entender estas diferencias es fundamental para tomar decisiones realistas y seguras.
Desde el punto de vista médico, la edad por sí sola no determina si un paciente es candidato a ortodoncia. Lo que determina la indicación es el estado de desarrollo óseo, la mordida, la salud bucodental y la función.
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Ortodoncia en niños: prevención y guía del desarrollo
En la infancia y la adolescencia, la ortodoncia se beneficia de un factor clave: el crecimiento. Durante estas etapas, los huesos maxilares todavía están en desarrollo, lo que permite corregir o guiar ciertas alteraciones de forma más eficaz.
La ortodoncia en niños suele indicarse para:
- detectar y corregir alteraciones del crecimiento mandibular o maxilar,
- prevenir problemas de mordida más complejos en la edad adulta,
- corregir mordidas cruzadas, abiertas o profundas en fases tempranas,
- crear espacio para la correcta erupción de los dientes definitivos,
- y abordar hábitos funcionales que influyen en la mordida.
No todos los niños necesitan tratamiento inmediato. En muchos casos, se realiza un seguimiento periódico hasta determinar el momento adecuado para intervenir. Iniciar un tratamiento demasiado pronto, sin indicación clara, no aporta beneficios y puede prolongar innecesariamente el proceso.
Ortodoncia en adultos: corrección y estabilidad funcional
En adultos, el crecimiento óseo ya ha finalizado. Esto no impide realizar ortodoncia, pero condiciona el tipo de movimientos posibles y la planificación del tratamiento.
La ortodoncia en adultos está indicada cuando:
- existe una maloclusión que afecta a la función o a la salud dental,
- hay apiñamientos o desplazamientos que dificultan la higiene,
- se producen desgastes dentales por una mordida incorrecta,
- se requiere un tratamiento previo o complementario a otros procedimientos odontológicos,
- o existe una demanda estética compatible con una mordida estable.
En estos casos, el tratamiento se basa exclusivamente en el movimiento dental dentro de los límites del hueso disponible. Por eso, el diagnóstico periodontal y óseo es especialmente importante antes de iniciar cualquier ortodoncia en adultos.
Diferencias clave entre ortodoncia en niños y en adultos
Aunque los principios biológicos son los mismos, existen diferencias relevantes:
- capacidad de modificación ósea: mayor en niños, limitada en adultos,
- duración del tratamiento: variable en ambos casos, pero más dependiente de la complejidad en adultos,
- objetivo principal: preventivo y funcional en niños; correctivo y estabilizador en adultos,
- condiciones previas: en adultos es más frecuente la necesidad de tratar encías, caries o desgastes antes de iniciar la ortodoncia.
Estas diferencias hacen que no exista un tratamiento estándar válido para todas las edades.
La edad no es una contraindicación
Un aspecto importante es aclarar que no existe una edad máxima para realizar ortodoncia. Siempre que la salud oral lo permita y exista una indicación clínica clara, el tratamiento puede realizarse con seguridad.
Sin embargo, en adultos es especialmente importante:
- definir expectativas realistas,
- explicar los límites del tratamiento,
- y planificar el seguimiento y la retención de forma rigurosa.
Importancia de una valoración individualizada
Tanto en niños como en adultos, la indicación de ortodoncia debe basarse en una valoración clínica completa, que tenga en cuenta:
- la mordida,
- el estado de los dientes y las encías,
- la estructura ósea,
- la función masticatoria,
- y los objetivos del paciente.
Solo a partir de este análisis es posible decidir si el tratamiento está indicado, cuándo iniciarlo y qué enfoque es el más adecuado en cada caso.
La ortodoncia es un tratamiento médico que se adapta a la persona, no a la edad. Un diagnóstico preciso y un planteamiento responsable son la base para obtener resultados estables, funcionales y seguros, tanto en niños como en adultos.