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No todos los problemas de mordida generan síntomas inmediatos. En muchos pacientes, las consecuencias aparecen de forma progresiva, lo que puede llevar a infravalorar su importancia. Desde el punto de vista clínico, una mordida desequilibrada no corregida puede tener efectos acumulativos sobre la salud oral y la función.

La decisión de no tratar una maloclusión debe basarse siempre en una valoración médica, no en la ausencia momentánea de molestias.

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Alteraciones funcionales a medio y largo plazo

Cuando la mordida no es correcta, las fuerzas al masticar no se distribuyen de forma equilibrada. Con el tiempo, esto puede provocar:

  • sobrecarga de determinadas piezas dentales,
  • desgaste dental irregular,
  • dificultad para masticar ciertos alimentos,
  • y compensaciones musculares mantenidas.

Estas alteraciones pueden avanzar de forma silenciosa hasta generar síntomas más evidentes.

Desgaste dental y sensibilidad

Una mordida desequilibrada puede favorecer el contacto excesivo entre determinados dientes. Este contacto anómalo puede dar lugar a:

  • desgaste prematuro del esmalte,
  • fracturas o fisuras dentales,
  • aumento de la sensibilidad dental,
  • y necesidad de tratamientos restauradores a largo plazo.

El desgaste dental es irreversible y suele agravarse si no se corrige la causa que lo origina.

Riesgo para las encías y el hueso

Los dientes mal posicionados pueden dificultar la higiene oral y favorecer la acumulación de placa. Esto aumenta el riesgo de:

  • inflamación de encías,
  • enfermedad periodontal,
  • pérdida de soporte óseo,
  • y movilidad dental progresiva.

En estos casos, la maloclusión actúa como un factor que agrava problemas periodontales preexistentes.

Repercusiones musculares y articulares

En algunos pacientes, una mordida inestable puede contribuir a:

  • sobrecarga de la musculatura masticatoria,
  • sensación de rigidez o fatiga mandibular,
  • molestias al abrir o cerrar la boca,
  • y aparición de ruidos articulares.

Aunque no todos los problemas articulares se deben a la mordida, esta puede ser un factor relevante en determinados casos.

Dificultades en tratamientos futuros

No corregir una maloclusión puede complicar la realización de otros tratamientos odontológicos en el futuro, como:

  • rehabilitaciones protésicas,
  • colocación de implantes,
  • tratamientos restauradores complejos,
  • o ajustes oclusales necesarios para mantener la estabilidad.

Una mordida desequilibrada puede limitar las opciones terapéuticas y condicionar los resultados.

No todos los casos requieren tratamiento inmediato

Es importante aclarar que no todos los problemas de mordida deben tratarse de forma obligatoria. En algunos pacientes, la mordida es estable, no genera síntomas y no progresa de forma significativa.

En estos casos, el enfoque puede ser:

  • el seguimiento periódico,
  • el control de factores de riesgo,
  • y la intervención solo si aparecen cambios clínicos relevantes.

Esta decisión debe tomarse siempre tras una valoración profesional.

Importancia de una decisión informada

Decidir no tratar una maloclusión implica conocer:

  • los posibles riesgos a largo plazo,
  • los límites del tratamiento en el futuro,
  • y la necesidad de controles regulares.

Una decisión informada permite al paciente valorar los beneficios y las consecuencias de cada opción.

No corregir un problema de mordida puede no tener consecuencias inmediatas, pero sí implicaciones progresivas en determinados casos. Una evaluación clínica individual es la base para decidir cuándo intervenir, cuándo vigilar y qué enfoque es el más adecuado para preservar la salud oral a largo plazo.

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